ENTREGA TOTAL DE LA PEÑA BENAVENTANA

Cuando el año pasado en un evento los integrantes de la peña Atlético Aviación me invitaron a su 15 aniversario en marzo dudé por un instante porque intuí que la celebración podría salirse de madre, pero lo sopesé y llegué a la conclusión de que merecía la pena. Al fin y al cabo, ¿cuándo me he resistido yo a una buena fiesta?
El 22 de marzo bien temprano me puse de camino a Benavente, provincia de Zamora, ciudad que Víctor, socio de la peña, ya nos había enseñado a Txus y a mí durante nuestra corta visita en octubre de 2024. Tras dejar mis cosas en la habitación del hostal La Trucha que Javi (presidente de la peña) había reservado para mí, Isaac pasó a recogerme para llevarme al epicentro de la acción: la sede de la peña. Allí llegué en una furgoneta acompañada por Patricia Cazón para descubrir que el local se les había quedado pequeño y habían colocado unas carpas cortando la calle (previo permiso del ayuntamiento, supongo) donde habían dispuesto un piscolabis para ir abriendo boca.
El local estaba ya abarrotado de gente llegada de todas partes, aunque principalmente se trataba de peñas del norte: La Bañeza, Valladolid, Cintruénigo, Burgos, varias de León… aunque la de más al norte era, como siempre, la mía. La efusión del reencuentro se hacía notar con abrazos de alegría, risas recordando algún momento vivido, felicidad por conocer gente nueva y la perspectiva de una fiesta hacían que, aunque la mañana fuera lluviosa, todos estuviéramos del mejor talante.
Tras ese aperitivo nos dirigimos a comer a una peña vecina cuyo local era más amplio. Era necesario, porque calculo que en total nos juntamos cerca de 200 personas dispuestas a agasajar a la peña Benaventana.
El lugar, usualmente decorado de blanco y verde, se hallaba ahora decorado, como era de esperar, de rojo y blanco. Había mucho trabajo y mucho esmero allí puesto, y se notó cuando llegó la comida: una lasaña de lujo y unas carrilleras para enmarcar nos confirmaron que nadie se levantaría de esa mesa con hambre. Los organizadores se quejaron de un apagón que los asistentes apenas notamos, porque ya llevábamos un par de copas y lo que menos veíamos era la luz.
Tras los postres se realizó una rifa y un intercambio de regalos. Nuestra peña hizo entrega del tradicional diploma, pero el regalo que recibimos nosotros nos sigue emocionando: una imagen de la patrona de Benavente, la Virgen de la Vega, con placa dedicatoria para nuestra peña y que a partir de ahora lucirá en un lugar honorífico y será nuestra patrona.
El sarao iba tomando color, se retiraron las mesas y las sillas y se dejó espacio para el baile que habría de amenizar nuestra querida Metropolitano Rock Band. No se hicieron de rogar y llegaron puntualmente para dar inicio a una fiesta donde se quemaron todas las calorías adquiridas durante el aperitivo y la comida, se corearon las canciones a voz en grito y no se paró de bailar hasta que se sirvió la cena (parece mentira, sí, ¡pero también había cena!) Empanadas, tortillas, embutidos de la zona… y todo esto mientras daba comienzo la disco móvil, que nos tuvo moviendo el esqueleto hasta que el último fiestero quiso marcharse. Yo lo hice relativamente temprano, sobre las 12 cual Cenicienta, pero al día siguiente, durante el desayuno en el hostal, algunos se apuntaban a un café que menos voz que yo y sin haber dormido ni media hora.
Antes de irnos cada uno a nuestro nido comimos juntos en un grill de Benavente donde involuntariamente casi me hice el simpa del siglo, y donde nos prometimos mutuamente vernos pronto en uno de los muchos aniversarios que se celebrarán próximamente.
No hay nada como asistir a la celebración de una peña, a ese llamamiento de hermandad y complicidad que nos une y nos hace ahondar en ese sentimiento que hace que nos llamemos familia rojiblanca.
¡Aúpa Atleti, aúpa las peñas y aúpa los peñistas!