DE MADRID A ASIA. EL ATLÉTICO DEJA HUELLA EN ESTAMBUL

Viaje relámpago a Turquía con excusa futbolera (la mejor de todas): ver al Atleti contra el Galatasaray. Primer desplazamiento de 2026, y empezando fuerte. Frío, pero del serio, del que te hace cuestionarte decisiones vitales… aunque se llevaba mejor rodeados de tantos atléticos, especialmente de la peña llegada desde Alemania, que parecía jugar en casa. Nos alojamos en Galata, en una comunidad Airbnb muy apañada, de esas que te hacen sentir medio local aunque no sepas pronunciar ni “merhaba”.
Y ya desde el martes se notaba que algo se estaba cociendo: camisetas, bufandas y caras conocidas rojiblancas repartidas por la ciudad, como avanzadilla silenciosa. Pero fue el miércoles cuando Estambul cambió definitivamente de color y se tiñó de rojiblanco sin complejos. En Galata, en el centro, en los bares, en la calle… el Atleti estaba por todas partes y se hacía notar. Y, como no podía faltar en esta ciudad, los gatos callejeros nos acompañaban en cada esquina, cruzándose entre mesas, puestos y turistas como auténticos emperadores locales.
Además del fútbol, hubo tiempo para empaparse de Estambul como se merece. Paseíto por el Gran Bazar, perdiéndonos entre puestos imposibles y tentaciones constantes, visita obligada a Santa Sofía, que impresiona igual en fotos que en directo, y parada estratégica en el puente para ver a los pescadores, que allí faenan como si no pasara nada mientras el mundo cruza de continente en continente a su espalda. Postales constantes.
La parte gastronómica tuvo nombre propio: Shuyao, nuestra guía foodie por la ciudad, que nos llevó de acierto en acierto y demostró que en Estambul se come tan bien como se camina. De hecho, aprendió sus primeras palabras en alemán: “Ist dieser Kebab besser als in Deutschland?”, queriendo conocer de primera mano el gusto de los alemanes. La comida, sencillamente, espectacular. Nivel altísimo, cantidades indecentes y la sensación permanente de que siempre había algo aún mejor en la siguiente esquina.
La previa del partido fue, además, sorprendentemente bien organizada. La (teórica) falta de alcohol no se echó de menos en absoluto porque el ambiente fue de diez, animado, sano y muy atlético. Risas, charlas, bufandas al cuello y ese sentimiento compartido que hace que todo fluya. La correspondiente cola infinita de autobuses rumbo al estadio, larga pero ordenada, confirmó que tanto la ida como la vuelta estuvieron en todo momento controladas y bien organizadas, algo muy de agradecer cuando viajan tantos aficionados juntos.
Ya dentro del estadio, el ambiente fue defraudante: mucho pito, cero animación, ningún tifo, ninguna bengala, nada que recordara a un ambiente de grada de verdad. Parece que los turcos entienden por animación únicamente pitar al equipo contrario cuando toca el balón. Eso no es ambiente, eso es casi hostilidad. Entre nosotros, eso sí, el clima fue espectacular: buen rollo constante y sensación de pertenecer a algo grande. Éramos casi 900 desplazados rojiblancos. El resultado, un 1-1 con gol en propia puerta de Llorente, fastidió un poco la fiesta; de esos empates que saben raros… aunque, siendo sinceros, podría haber sido peor.
No todo fue perfecto. Los cacheos antes de entrar al estadio rozaron lo exagerado: a una chica casi la dejan sin zapatos y la peña de Torrejón estuvo a punto de no entrar simplemente por llevar su nombre en la bandera. Además, nos fue muy complicado meter a nuestra mascota Hooliana, pero al final triunfó la cordura y, como siempre, estuvo presente, porque sin ella nada es lo mismo. Ojalá nuestro 19 tuviera la misma presencia en los partidos que nuestra Hooliana, que siempre se hace notar. Momentos tensos e innecesarios que empañan una experiencia que, por lo demás, estaba siendo redonda.
Y aun así, ni el frío, ni los costes del viaje, ni el cansancio nos paran. Seguimos con la misma ilusión de siempre, deseando clasificarnos para volver a hacer la maleta y descubrir adónde nos lleva el Atleti la próxima vez. Porque si algo quedó claro en Estambul es que, pase lo que pase, nosotros vamos. Siempre.
















