AVENTURAS ROJIBLANCAS EN BRUJAS: MAL FARIO, NIEVE Y CHOCOLATE

Ayer tocó escapada rojiblanca: Brujas nos esperaba para el mítico Brujas–Atlético. Sí, ese estadio con mal fario donde nunca hemos ganado. Desde la Peña Atlética de Alemania nos lanzamos en coche, cargados de cervezas, bocatas, ilusión y algún que otro GPS que decidió hacer su propio juego.
En nuestra peña ocurrió algo totalmente inédito: tres bajas por diferentes razones. Pero los que sí fuimos no nos amedrentamos, más bien al contrario: gritamos, cantamos y animamos más fuerte que nunca, para que se sintiera nuestra presencia hasta el mismísimo centro de Brujas.
La previa oficial no se salió de lo normal… pero como siempre, los rojiblancos nos las arreglamos. En el parking de la entrada visitante se montó una previa improvisada con los autobuses de las peñas que iban llegando: cánticos, botellón, fotos, abrazos, saludos y algún que otro intento de coreo coordinado que terminó siendo improvisación total. Ahí sí que se empezó a notar la esencia rojiblanca.
Brujas sigue maravillando: olor a gofres y chocolate, canales, edificios de cuento… y yo pensando “aunque perdamos, esto ya vale la pena”.
El corteo hasta los buses lanzadera fue cortito, pero intenso. El drama llegó cuando nuestro bus lanzadera pinchó. Sí, pinchazo, y no por los zarandeos de los que íbamos dentro. Cambio de bus de emergencia y un poco de adrenalina extra para comenzar la tarde.
Entrada al estadio: ordenada, buen número de visitantes… pero el estadio en sí… vamos, auténtico. Sucio, gradas peligrosas que te hacían sentir equilibrista olímpico y, claro, el mal fario de siempre rondando por cada esquina.
Lo mejor del día: encontré a lectores de mi libro en la previa y hasta en la grada buscándome para dedicarles un ejemplar. Uno incluso me confesó que lo estaba leyendo sin saber quién era yo. Orgullo total. Casi me olvido del partido… pero solo casi.
El partido… bueno, resultado de mierda: 3–3. Otra vez la maldición de Brujas nos recuerda que el fútbol no siempre es justo.
A la salida, aguanieve, frío, espera interminable para el bus lanzadera… y vuelta a casa sobre las 5 de la mañana, con nieve y temporal por el camino. Cantando himnos a medias para no dormirnos al volante y haciendo malabares con la chaqueta, el café y la dignidad.
Pero, como siempre, todo eso vale la pena. Cosas que se hacen por el Atleti: viajes improvisados, frío, barro, aguanieve y buses pinchados incluidos. Por la pasión, por los amigos, por la peña… y por esas historias que recordaremos y contaremos mil veces.
Brujas, mal fario o no, siempre merece la pena. Y nosotros… pues seguimos siendo del Atleti, pase lo que pase.






