CALVARIO EN LA CARTUJA. UNA FINAL PARA OLVIDAR (Y NO POR EL FÚTBOL)

CALVARIO EN LA CARTUJA. UNA FINAL PARA OLVIDAR (Y NO POR EL FÚTBOL)

Lo que empezó como una expedición cargada de fe desde la Peña Atlética de Alemania terminó siendo un auténtico calvario que no le deseamos ni a nuestro peor enemigo. Aterrizamos en Faro el viernes 17 con la maleta llena de bufandas y la garganta lista, pero poco sabíamos que el sábado en Sevilla nos esperaba una gymkana de supervivencia diseñada por el enemigo. Aparcamos cerca de La Cartuja y ahí se acabó el fútbol para dar paso al tercermundismo.

La previa fue un desastre absoluto: un corralito por zona fan, ridículo para la masa social que movemos, donde nos hacinaron bajo un calor de justicia y, para más inri, sin una gota de agua a mano. En lugar de organización, recibimos una policía chulesca que parecía disfrutar amagando con los caballos contra gente que solo quería cantar, tensando un ambiente que ya era irrespirable.

Entrar al estadio fue el siguiente nivel de este videojuego de terror. Sin cobertura para descargar unas entradas que la RFEF se empeña en hacer digitales en un recinto que es un agujero negro de señal, y con una seguridad que no tenía ni la más remota idea de nada. Una vez dentro, el espectáculo en el césped fue igual de desolador: un Atleti feo, plano, sin intención y sin alma. Aguantamos una prórroga insufrible para acabar muriendo en unos penaltis que solo confirmaron que no era nuestra noche, ni en la grada ni en el campo.

La salida fue la guinda del pastel: un colapso total, a oscuras, sin iluminación ninguna y con el puente convertido en una ratonera humana. Una organización pésima por parte de la Federación y, lo que más nos duele, un Atlético de Madrid mudo, sin protestar por el maltrato sistemático a sus socios. Nos volvemos a Alemania con el cuerpo cortado y un vacío en el pecho, pero con la cabeza ya puesta en que, tras este hundimiento en Sevilla, nos queda el sueño europeo de la Champions.

Y que no se equivoquen: seguiremos viajando, porque lo que nos mueve no se mata ni con sed ni con maltrato. Nuestra pasión es mucho más fuerte que su incompetencia. Porque si algo sabemos en esta peña es que, cuanto peor nos tratan, más fuerte gritamos. ¡Aúpa Atleti!


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