DE MADRID AL CIELO. PAPELES AL VIENTO Y UN SUELO DE CHAMPIONS QUE SIGUE VIVO

DE MADRID AL CIELO. PAPELES AL VIENTO Y UN SUELO DE CHAMPIONS QUE SIGUE VIVO

¡Qué noche la de ayer! Todavía tengo la piel de gallina y el corazón a mil. Estar en unas semifinales de la Champions es ese sueño que seguimos soñando y, sobre todo, seguimos creyendo con el alma.

El viaje desde León fue un auténtico lujo. Ir en el autocar con la gente de las peñas Nunca dejes de creer y Furia Leonesa es otra historia; te olvidas de las palizas de conducir y, sobre todo, del suplicio de buscar aparcamiento. Te dejan allí, te recoges con los tuyos y a disfrutar. Además, tuvimos una expedición especial: la Hooliana no quiso perderse la cita. Yo me fui directa a la grada de animación, pero mi querida Shiyau, su madre adoptiva, se encargó de todo el operativo secreto para meterla en el estadio y mimarla para que “picara”… ¡y vaya si picó! Justo a tiempo para ver el gol de Julián.

El ambiente fue algo de otro mundo. No hubo tifo oficial, pero la respuesta al llamamiento del Frente Atlético fue total: el estadio entero rugiendo y ese papel higiénico volando por los aires a la salida de los jugadores. Por un momento, cerré los ojos y sentí que estaba otra vez en el viejo Vicente Calderón. Fue una estampa mágica, de las que te recuerdan por qué somos diferentes. Y aunque el tiempo amenazaba con temporal, al final nos respetó tanto que acabamos viendo el partido en camiseta, dejándonos la garganta con los amigos de la peña.

Sin embargo, no todo fue celebración. Lo vivido en la Avenida de Arcentales deja un sabor de boca amargo y mucha indignación. El recibimiento al equipo fue, como siempre, apoteósico, una marea de gente entregada a sus colores. Pero esa entrega se vio empañada por una actuación policial absolutamente abusiva y desproporcionada. Resulta incomprensible que, en una cita de esta magnitud, la respuesta a la pasión de una afición ejemplar sea la hostilidad y el exceso de celo. Esas actitudes, más propias de un estado de sitio que de un evento deportivo, solo sirven para castigar injustamente a quienes mantienen vivo este deporte. Una gestión nefasta que mancha lo que debería haber sido una fiesta absoluta de fútbol.

Al final, el empate nos deja con la miel en los labios pero con el orgullo intacto. Apenas tuve tiempo para el Brindis de después porque llegué con el tiempo justo y me tocó salir pitando, pero me voy con una certeza: si en la vuelta jugamos como en esa segunda parte, no hay quien nos pare.

Seguimos creyendo, seguimos soñando. ¡A por ellos, Londres será nuestra casa!


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