EL ATLETI SE HACE DE CORAZÓN: CRÓNICA DE UN SÁBADO INOLVIDABLE CON LA PEÑA ATLÉTICA CASTAÑERA

Hay viajes que se hacen para cumplir un compromiso y hay otros que se graban a fuego en el alma. Lo que vivimos el pasado sábado en el IX Aniversario de la Peña Atlética Castañera, en Castañar de Ibor, pertenece sin duda a los segundos.
Desde el primer momento se preocuparon absolutamente de todo, cuidando cada detalle de nuestro viaje y del hotel, y estuvieron constantemente pendientes de nosotros. Nos encontramos con una peña extraordinariamente bien avenida, de esa gente sana y auténtica cuya hospitalidad es de esas que solo tienen las gentes de verdad. Cuando los conocí casualmente hace tres años en Guadalupe (también festejando, por supuesto), ya intuí que esta peña era diferente; de ahí que no dudara en dedicarles un capítulo en el libro. Y el tiempo me ha dado la razón: la peña crece sin parar y todo se debe a su buen hacer y a la fuerza de su comunidad. Tuvimos el honor de presentar Merece la peña en un lugar donde, además, tienen su propio capítulo escrito en letras de oro. La acogida no pudo ser más hermosa, tierna y respetuosa.
Y después de las letras, llegó la vida en una celebración donde se mezclaban todas las edades, demostrando que la pasión rojiblanca no entiende de generaciones. La fiesta arrancó en El Chiringuito, en un evento organizado a las mil maravillas donde los camareros eran un desfile constante de bandejas llenas de exquisiteces de la zona. Hubo tiempo para la emoción pura en el homenaje a un acompañante asiduo de la peña que, sin ser colchonero, recibió el cariño de todos; un reflejo exacto del respeto y la grandeza de esta gente. En un parpadeo, estábamos sumergidos entre risas, chupitos, un baño en el río que nos devolvió la vida y esos bailes y abrazos espontáneos de los que te llenan el corazón.
La fiesta se trasladó luego a la sede, y la marea rojiblanca literalmente ocupó la calle principal del pueblo. Entre bocado y bocado de los maravillosos productos de la tierra, voló el barril de Kölsch que les llevamos como regalo de parte de la Peña Atlética de Alemania, sellando un hermanamiento de los que hacen afición. Una charanga del pueblo lo dio todo, haciendo que los coches pararan, que los vecinos se sumaran y que el ambiente creciera minuto a minuto. Y cuando cayó la noche, un DJ iluminó el barrio entero con sus luces. Fue un fiestón de pueblo, de los que de verdad molan, sin ganas de presumir de nada que no fuera el buen rollo y la alegría de compartir.
El broche de oro llegó al día siguiente. Mientras desayunábamos en uno de los bares, la gente de Castañar nos saludaba al pasar; nos conocía todo Dios. En apenas unas horas, nos habíamos convertido en parte de ellos.
Estas son las peñas que molan. Las que no se identifican con ninguna otra porque son puras, únicas y auténticas. Las que lo dan todo de corazón y, con esa generosidad desinteresada, hacen Atleti de la mejor manera posible.
¡Gracias de todo corazón, Peña Castañera! Nos habéis dejado la maleta llena de recuerdos y el pecho desbordando gratitud. ¡Por muchos años más! 🔴⚪🌰
















