MUCHO MÁS QUE UN HOMENAJE

Hay días que empiezan siendo una invitación y terminan convirtiéndose en un recuerdo de esos que uno guarda con especial cariño. El jueves fue uno de ellos.
El 29 de octubre de 2026 tuve la suerte de participar en Gijón en el homenaje a Alberto Fernández Fernández, una auténtica leyenda de nuestro Atlético de Madrid, y de vivir una jornada que difícilmente voy a olvidar. Fue una maravilla conocerle personalmente, compartir tiempo con sus hijos, Alberto y Sonia, con sus nietos, con los miembros de la Peña Atlética de Llanes y con varios exjugadores del Sporting de Gijón. Todos me recibieron con una cercanía y un cariño que me hicieron sentir desde el primer momento como una más. Y, por si fuera poco, tuvieron además la generosidad de dedicarle a Merece la Peña y a mi persona unos elogios que me llegaron al corazón. ¡Qué bonito es comprobar que un libro puede abrir puertas y, sobre todo, acercarte a personas maravillosas!
Pero si hubo algo verdaderamente especial fue poder escuchar a Alberto contar sus propias historias. No leerlas en una biografía ni escucharlas de terceros, sino oírlas de su propia voz, con la naturalidad de quien ha vivido tantas cosas y conserva intacta la emoción al recordarlas. Escuchar cómo era el fútbol de entonces, cómo se vivía un vestuario, qué significaba defender aquellos colores y conocer también ese orgullo tan suyo al recordar que pudo comprarle una casa a su madre gracias a su profesión. Y, después de tantos años y tantas experiencias, verle disfrutar del cariño, el respeto y el reconocimiento de su gente. Hay historias que explican mucho mejor que cualquier estadística lo que significa una vida dedicada al fútbol.
Y entre tanta historia, también hubo tiempo para descubrir alguna afinidad inesperada. Resulta que a Alberto siempre le han gustado los colores rojiblancos, con la excepción —que habrá que perdonarle— del Valladolid. ¡Exactamente igual que a mí! Una coincidencia que descubrimos durante la conversación y que nos sacó unas buenas risas. Al final, hasta las leyendas tienen sus pequeñas debilidades cromáticas.
Y, como no podía ser de otra manera, tampoco quise llegar con las manos vacías. A Alberto le regalé una bufanda de Merece la Peña, de esas que no están al alcance de cualquiera y que reservo para personas especialmente elegidas, por lo que representan y por las historias que hay detrás de ellas. A los directivos de la Peña Atlética de Llanes les llevé también bufandas de la Peña Atlética de Alemania, como recuerdo de nuestra familia rojiblanca y de ese vínculo que une a las peñas más allá de las fronteras. Pero hubo un detalle que me hizo especial ilusión: Alberto recibió con muchísima alegría la bufanda de nuestra peña y se marchó a casa con ella puesta.
No os podéis imaginar el orgullo que sentimos cuando una leyenda del Atlético de Madrid lleva nuestra bufanda al cuello, cuando sabe quiénes somos y nos reconoce como parte de esa gran familia rojiblanca. Cada vez que sucede, vuelvo a darme cuenta de lo que significa representar al Atleti desde Alemania y de lo especial que es que quienes han escrito algunas de las páginas más importantes de nuestra historia también nos hagan un hueco entre sus recuerdos. Puede parecer un gesto pequeño, pero para quienes estamos detrás de una peña que trabaja por mantener vivo el sentimiento atlético a tantos kilómetros de casa, significa muchísimo.
Encuentros como este me recuerdan algo que muchas peñas me han demostrado a lo largo de estos años: pertenecer a una peña no consiste únicamente en honrar y representar al Atlético de Madrid, en defender sus colores o en mantener vivo un sentimiento lejos del estadio. Es también formar parte de una familia que, a veces, aparece cuando menos te lo esperas, te abre sus puertas, te hace un hueco en su mesa y te recibe como si llevaras toda la vida allí. Una familia que no siempre comparte apellidos, ciudad o incluso país, pero que sabes que está ahí. Y eso, cuando tienes la suerte de vivirlo, vale muchísimo.
Fue un homenaje precioso, muy emotivo y preparado con muchísimo cariño, con presencia de la prensa local y una organización cuidada hasta el último detalle. Y, por supuesto, con una comida de diez, que para algo estábamos en Asturias, donde también saben muy bien cómo conquistar a quienes llegan de fuera.
En su discurso, Higinio dejó entrever algo que me pareció especialmente significativo: la Peña Atlética de Llanes no es necesariamente una de esas peñas que están presentes en cada partido, pero siempre han querido hacer algo diferente, encontrar su propia manera de vivir y compartir el sentimiento rojiblanco. Y el jueves demostraron que lo que hacen, lo hacen muy bien. Porque no se trata de estar en todas partes ni de medir el compromiso por los kilómetros recorridos, sino de poner ilusión, dedicación y personalidad en aquello que uno decide hacer. Y elevento fue una magnífica muestra de ello.
También quiero destacar el mimo y la dedicación con los que Higinio cuida de la Peña Atlética de Llanes. Se nota que detrás hay mucho más que ganas de organizar actividades: hay preocupación por las personas, interés por recuperar historias, por reconocer trayectorias y por crear momentos que dejan huella. Siempre han querido que la peña sea mucho más que un lugar de encuentro para compartir el Atleti, y con actos como este lo consiguen con creces. Porque organizar algo así no consiste únicamente en reunir a gente alrededor de una mesa; consiste en hacer que todos se sientan parte de algo especial. Y vaya si lo consiguieron.
Quiero dar las gracias de corazón a Higinio, porque gracias a él he podido conocer a todas estas personas, compartir una jornada tan especial y descubrir de primera mano historias que forman parte de la memoria de nuestro fútbol. Gracias por abrirme esa puerta, por tu generosidad y por permitirme escuchar de boca del propio Alberto recuerdos que, de otra manera, quizá nunca habría tenido la oportunidad de conocer.
Gracias también a la Peña Atlética de Llanes, a la familia de Alberto y a todos los que me acogisteis con tanto cariño. Me fui con la sensación de haber ganado muchos amigos y con la certeza de que hay encuentros que merecen repetirse.
Ojalá no sea la última vez que nos sentemos alrededor de una mesa, que sigamos compartiendo historias, recuerdos y, cómo no, mucho fútbol. Algunas de las historias que nacen en encuentros como este merecen seguir viajando, encontrar su lugar en las páginas de un libro y llegar a quienes todavía no han tenido la suerte de escucharlas. Y tengo la sensación de que la de Alberto, su familia y esta maravillosa peña todavía tiene mucho que contar.
Dyrante esa jornada en Gijón, me llevé mucho más que un homenaje. Me llevé afecto, admiración, historias inolvidables, unas cuantas risas y un pedacito más de esa gran familia rojiblanca que no entiende de distancias.
Gracias infinitas. Y hasta la próxima, que espero que sea pronto.
¡Aúpa Atleti!







